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Frecuencia inestable: las oscilaciones del proyecto de canal cultural de TVN

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Reportaje

Frecuencia inestable: las oscilaciones del proyecto de canal cultural de TVN

Queda menos de un año para el término del gobierno de Bachelet y el proyecto de canal cultural genera más dudas que certezas: ¿Se trata de un canal o una señal? ¿Contará con financiamiento público? ¿Qué entiende por cultura?
El pasado 27 de marzo, el Gobierno envió al Congreso una nueva indicación al proyecto de ley que moderniza Televisión Nacional de Chile (TVN) y que inyecta recursos para el establecimiento de una señal de contenidos culturales y educativos. Este es el segundo intento de la administración Bachelet por avanzar en la materia, puesto que en mayo de 2016, el Ejecutivo ya había despachado una indicación sustitutiva para la iniciativa.
Los intentos del Gobierno por legislar en la materia responden al anuncio de la Presidenta Bachelet en su cuenta pública al Congreso del 21 de mayo de 2015, cuando informó sobre la creación de un canal de televisión cultural y educativo de recepción libre, gratuita y sin publicidad.
A esto habría que añadir las disposiciones contenidas en el programa presidencial de la mandataria, que hablan explícitamente sobre la necesidad de contar “con a lo menos dos frecuencias abiertas y gratuitas adicionales. Una, la del canal 24 horas, actualmente sólo en plataformas de pago, y otra para un canal educativo – cultural”. Además se indica que TVN “debe incorporar financiamiento público de manera sistemática”.
Sin embargo, a menos de un año del término del mandato de Bachelet, las dudas sobre el destino del proyecto comienzan a aflorar, sobre todo si éste no forma parte de las prioridades legislativas definidas por el Ejecutivo, según consta en la presentación que la ministra de Transportes y Telecomunicaciones, Paola Tapia, realizó ante la comisión respectiva del Senado, durante la jornada del 21 de marzo.
Proyecto contra el tiempo
Bruno Bettati, ex asesor de las carteras de Cultura y Secretaría General de Gobierno (SEGEGOB), piensa que es posible que el proyecto se apruebe antes del 11 de marzo de 2018, fecha que pone término al actual período presidencial.
Bruno Bettati
“Creo que hay voluntad política para hacerlo, pero creo que este es el momento en que la ciudadanía tiene que trabajar. Es importante que todos nos vinculemos a nuestros parlamentarios y, en particular, a los cinco senadores de la comisión de Transporte y Telecomunicaciones [García Huidobro, Girardi, Letelier, Matta y Ossandón] y les hagamos saber el interés del país en el canal cultural, porque es bastante consensual que la televisión que tenemos no es lo suficientemente buena”, comenta en diálogo con El Ciudadano.
El productor de cine y televisión, quien además participó asesorando al ex titular de la SEGEGOB, Marcelo Díaz, en la confección del articulado de mayo de 2016, entrega sus argumentos para defender la tramitación legislativa del proyecto, apelando al “principio de acceso”.

A su juicio, “es importante transmitir por todas las señales y considerar la abierta, porque esa es la gratuita. No hay que olvidar que el segmento más pobre de la población, los dos quintiles más bajos, su único acceso a la información y a la cultura es la televisión. Ese grupo consume tres horas de televisión al día y no es considerado por el rating, porque no tiene poder adquisitivo”.
Para Javiera Olivares, presidenta del Colegio de Periodistas, el debate cobra sentido a partir de un crítico análisis sobre la oferta televisiva en los canales abiertos. “Me parece relevante que hoy exista un canal cultural asociado al Estado, debido a que, en general, la propuesta programática que tenemos en las estaciones televisivas es verdaderamente pobre. Tenemos, fundamentalmente, señales privatizadas y extranjerizadas, donde un canal público no cumple con su misión a cabalidad, debido a que se financia con publicidad”, afirma.
Capitalización a la baja
A comienzos de marzo, Jaime de Aguirre, director ejecutivo de TVN, afirmó en una entrevista para radio Duna que, si no se produce una inyección de recursos, se pone en riesgo el futuro del canal público. En el espacio radial detalló que el financiamiento adicional se destinaría a capital de trabajo, inversión tecnológica para la televisión digital y para la segunda señal cultural.
Como una forma de defender la iniciativa, De Aguirre realizó un diagnóstico sobre el comportamiento de la industria, hablando de la “incorporación de empresarios muy poderosos al mercado de la TV y que han hecho inversiones muy sustantivas. El fenómeno de Mega, digámoslo, es producto de la voluntad de su dueño de hacer que su canal se transforme en competitivo por la vía de meter muchos millones de dólares en eso”.
Sin embargo, el Gobierno ha vacilado en la asignación de recursos para la eventual capitalización de la señal estatal. El proyecto de mayo de 2016 propuso una inyección para TVN por hasta US$ 95 millones: un máximo de US$ 70 millones para las inversiones de adecuación tecnológica de la estación de cara a las obligaciones que impone la Ley de Televisión Digital y otros US$ 25 millones –como máximo– para la puesta en marcha de la señal cultural y educativa.
Jaime de Aguirre
En marzo de 2017, el monto para “implementar un proceso de digitalización, adecuación tecnológica y desarrollo de capital de trabajo” descendió a un tope superior de US$ 47 millones, mientras que los recursos para “la implementación y puesta en marcha de la señal que transmita contenidos educativos, culturales, tecnológicos, científicos e infantiles”, alcanzaría hasta US$ 18 millones.
Bruno Bettati comenta que trabajó durante tres años con un equipo de 14 personas en la definición de los proyectos de inversión de TVN y en el del canal cultural. Según relata, “en ese trabajo, hubo gente de TVN, de los ministerios de Cultura, Educación y SEGEGOB y se hizo un planteamiento bien serio. Por tanto, me sorprende la reducción brusca. Quizá obedece a razones que no tienen que ver con el plan, sino con la disponibilidad de recursos”.

¿Canal o señal?
Otro punto sobre el cual el Gobierno ha decidido cambiar su postura corresponde a la naturaleza del proyecto cultural y educativo. En el programa se hablaba de una nueva “frecuencia”; en la indicación de mayo se estableció el compromiso de crear “un canal de televisión educativo y cultural, de recepción libre, gratuita y sin publicidad” y se detalla que una filial de TVN administraría “una concesión cultural y educativa”.
Sin embargo, en la indicación de fines de marzo, el Gobierno decidió que TVN deba destinar “una de sus señales televisivas abiertas y gratuitas para la transmisión de contenidos educativos, culturales, tecnológicos, científicos e infantiles”, de modo que esta señal cuente “con cobertura nacional igual a la frecuencia principal de TVN”.
Al parecer, el programa de Gobierno con sus “dos frecuencias abiertas y gratuitas adicionales” quedaron en el olvido, lo mismo que la Ley de Televisión Digital, que autoriza a TVN para solicitar una frecuencia nueva, siendo el único canal facultado para aquello. Más aun, luego de las palabras de Jaime de Aguirre, quien fijó una posición en radio Duna. “No estoy de acuerdo que (TVN) tenga una segunda concesión, que lo obligue a construir toda una nueva institucionalidad de gestión y tecnológica”, dijo.
Para Chiara Sáez, académica del Instituto de la Comunicación e Imagen de la Universidad de Chile y autora del libro TV Digital en Chile: Políticas Públicas y Democracia, la decisión política de generar una señal en vez de un canal significa “renunciar a una posibilidad profundamente legitimada jurídica y constitucionalmente”, además de poner en riesgo el proyecto en términos de la calidad de la imagen.
“En una frecuencia, entra una señal en Alta Definición (HD por sus siglas en inglés) y una estándar. No pueden entrar dos señales HD. La ley dice que la primera señal tiene que ser en HD y entonces, la señal cultural será en definición estándar. A nivel artístico, hay muchos productores que quizá no les va a interesar eso, porque para los creadores audiovisuales es importante que su trabajo se vea en buena calidad”, explica.
Chiara Sáez
El análisis de la investigadora va más allá, porque TVN podría sacrificar incluso las herramientas que adquirió luego de la aprobación de la “Ley Corta” de 2013, normativa que permite ampliar el giro comercial del canal.
“Mantener solo una frecuencia, deja fuera la opción para que TVN pueda además generar una radio y un servicio de telecomunicaciones, porque al ser una empresa pública y al ampliarse su rol, que es lo que hizo la Ley Corta, eventualmente, TVN podría brindar otros servicios, que podrían ser vías de autofinanciamiento”, subraya.

Financiamiento y el debate por la publicidad
El financiamiento para la señal cultural, más allá de los US$ 18 millones para dar inicio al proyecto, es otra de las interrogantes de la iniciativa que permanece en el Congreso, puesto que la indicación del 27 de marzo establece que “la Ley de Presupuestos del sector público podrá considerar aportes y/o transferencias con el solo objeto de implementar, desarrollar y/o mantener el funcionamiento de la señal educativa, cultural, tecnológica, científica e infantil”.
Es decir, no es seguro que a través del Presupuesto de la Nación se puedan asignar recursos para la futura señal. Si a esto se suma la postura de Jaime de Aguirre, quien piensa que “la señal principal tiene que subsidiar eso”, según respondió en radio Duna, no hay claridad respecto a las fuentes de ingreso para el proyecto cultural de TVN.
De hecho, el director ejecutivo de la estación fue más enfático y cerró la puerta a un aporte estatal constante, porque en su criterio, “lo que más garantiza la autonomía en los temas de contenido, pluralismo, diversidad y misión es la autonomía de TVN y no el financiamiento o subsidio permanente”.
Chiara Sáez explica que TVN requiere un financiamiento público, puesto que su misión responde al interés público y no necesariamente a la lógica comercial. “Puede ser por vía directa, es decir, por Ley de Presupuesto, pero también es importante que quede establecido que puede recoger múltiples fuentes de financiamiento públicas y privadas. Esto quiere decir que también puede recibir impuestos indirectos, por ejemplo, a través del fondo del audiovisual, de modo que haya uno específico para producción para la TV pública”, sugiere.
En este contexto, ¿qué pasa con los recursos provenientes del mundo privado? ¿Hay espacio para la publicidad comercial en el nuevo proyecto televisivo? De acuerdo a la indicación de mayo de 2016, se prohibía explícitamente, pero en el documento despachado a fines de marzo no se toca el tema, abriendo nuevamente el debate.
Bruno Bettati aclara el fundamento que había al prohibir la publicidad: “El argumento era que la parrilla tradicional de los canales de televisión de TVN estaba regida por los auspicios, por lo tanto, el sentido común dice ¿cómo sería una programación en donde no intervienen los auspiciadores?”.
Javiera Olivares
En línea con esa posición se manifiesta Javiera Olivares, presidenta del Colegio de Periodistas. Para la dirigenta, “un canal cultural del Estado, para que cumpla con su misión pública, tiene que ser sin publicidad, porque sino se va a entender por cultura un programa de modelos bailando, un reality, en fin… No tengo nada contra eso, pero me parece que no es responsabilidad de un canal público. Yo quisiera que también la señal generalista de TVN fuera financiada por el Estado, con un directorio plural y que, por lo menos, se avance hacia el financiamiento mixto, pero no me parece que sea financiado con publicidad, porque tergiversa su misión pública”.
El contrapunto viene de la socióloga Chiara Sáez, para quien “el hecho que una TV sea pública, no quiere decir que no pueda recibir financiamiento privado. Lo que pasa es que el financiamiento privado no debe ser determinante en la misión de servicio público, en la definición de los contenidos y de la programación. Para eso es importante que el financiamiento privado no sea lo más relevante, es decir, que sea igual o menor que el público”.
Escenario abierto y preguntas sin respuesta
Además de los aspectos administrativos y financieros, la señal cultural de TVN abre otras interrogantes, como la participación ciudadana, la redefinición del rol público de la estación y su vinculación con otro tipo de proyectos, de carácter local, comunitario y universitario, que ya existen en el panorama televisivo nacional.
Por otro lado, el proyecto no entrega mayores respuestas a lo que entiende por “cultura”, tema igualmente espinudo, sobre todo después de que Jaime de Aguirre relativizara su concepción en una entrevista para El Mercurio, del 9 de marzo. Al diario de Agustín Edwards dijo que “el fútbol o una teleserie son cultura; buena o mala, pero lo son”.
*Reportaje publicado en la edición nº 210 de la revista El Ciudadano
Felipe Menares Velásquez