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El aporte de Mario Papi al periodismo chileno
Por Aquiles Meléndez, ex vicepresidente Colegio de Periodistas de Chile
En abril o mayo de 1992 fuimos convocados al gabinete del subsecretario de Educación Raúl Allard con el fin de solicitar al Colegio de Periodistas el retorno de sus representantes al Consejo de Calificación Cinematográfica. Debe recordarse que años antes el Consejo Nacional determinó el retiro de sus representantes por la censura aplicada por el Gobierno a cintas ya examinadas por el ente calificador.
En la reunión, quienes concurrimos en representación del Colegio nos enteramos por el mismo Subsecretario que el Gobierno había determinado introducirle cambios a los premios nacionales, entre ellos el correspondiente al de Periodismo. Entre los cambios más significativos se determinaba que nuestra máxima distinción pasaba a denominarse “Premio Nacional de Periodismo y Comunicación Social”. El agregado permitía incorporar a esta distinción a todas aquellas personas que ejercían en medios de comunicación sin tener la calidad de periodistas (locutores, animadores, columnistas o los llamados comunicadores, etc.)
Por supuesto la información nos sorprendió y nos molestó de tal manera que, luego de un prolijo análisis, solicitamos audiencia con el Ministro de Educación Ricardo Lagos. La respuesta al cambio solicitado fue negativa de parte de esta autoridad. Nos informó además que el proyecto se había enviado para su aprobación al Legislativo y que era allí donde teníamos que exponer nuestra inquietud.
Realizadas algunas gestiones con senadores, con la promesa de estudiar nuestra petición, el tema se mantuvo sin solución.
En julio de ese año, al término de una ceremonia de celebración del Día del Periodista en Talca, me acerqué al senador Mario Papi Beyer, entonces representante de la Región del Maule Sur, para exponerle nuestra preocupación por el cambio que se pretendía con la modificación a la Ley de Premios Nacionales y en particular con el de Periodismo.
Papi se mostró muy de acuerdo en apoyarnos para evitar la modificación propuesta por el Ejecutivo. Era día sábado. El parlamentario recordó que el último plazo para plantear indicaciones al proyecto de ley vencía el lunes siguiente, es decir en 48 horas. Me solicitó que le desarrollara las indicaciones, tarea a la que dediqué domingo y parte del lunes. Señaló que esperaba en su oficina de Santiago el documento para entregarlo antes de las 18 horas en la Oficina de Partes del Senado. El documento incluía todas nuestras inquietudes planteadas en el Consejo Nacional.
El lunes envié vía Fax a la Secretaria del Colegio en Santiago y pedí a nuestra secretaria que enviara antes de las 16:00 horas con un estafeta las indicaciones al senador Papi. No fue necesario, el parlamentario, con una deferencia que lo distinguía, fue personalmente a nuestra secretaría y se llevó el documento, que entró oportunamente a la Oficina de Partes del Senado, en Valparaíso, antes de las 18,00 horas.
La participación posterior del parlamentario permitió que no se consumara la desaparición del Premio Nacional de Periodismo tal cual lo hemos conocido hasta ahora. De todas las indicaciones -11 en total- solamente dos no tuvieron éxito. Una de ellas era aquella que pedía no excluir al Colegio del jurado que discierne el estímulo -situación que aún se mantiene-, y la segunda, la que permite distinguir con el premio a extranjeros que cumplan una función periodística en Chile sin precisión de tiempo de ejercicio profesional. Sobre lo último, pedíamos que por lo menos ese ejercicio debiera otorgarse a periodistas destacados y reconocidos profesionalmente en Chile con una residencia mínima de 10 años en el país. Esto último está todavía pendiente.
Lo trascendente es que gracias a la oportuna participación del ahora desaparecido hombre público un buen número de destacadísimos periodistas ha recibido el Premio Nacional del Periodismo en estos casi 20 años de aquel ingrato, para nosotros, episodio.




