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Jorge Andrés Richards: una voz en el silencio

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Periodista y presidente del colegio del gremio durante la dictadura. Trabajó en Radio Candelaria cuando tenía menos de treinta años y luego en revista APSI a cargo de “El espacio de los sin voz”. 
Por Valentina Hernández y Matías Córdova
El espacio de los sin voz. Ésa era la instancia que Jorge Andrés Richards utilizaba en la revista APSI para hablar de los torturados. Todo esto, durante los 17 años de dictadura en Chile.
Heroico. Así define el ejercicio para quienes decidían hacer periodismo, arriesgándose a ser secuestrados, torturados o incluso asesinados. La lucha era ardua, con flancos claros: “Los que ejercíamos nuestra profesión en aquella época teníamos dos ejes de combate: por una parte, luchábamos por la libertad de expresión y por otra, buscábamos el retorno de la democracia”.
El signo de los tiempos era la censura. Para combatirla, uno de los periodistas emblemáticos fue Jorge Andrés Richards. Periodista y presidente del colegio del  gremio, trabajó en Radio Candelaria cuando tenía menos de  treinta años, y luego en revista APSI: pluma de la oposición al Régimen Militar. Otra causa por la que también es recordado es su aparición protagónica en el Caso Piñeragate.
En las salas de prensa de redacción, Jorge Andrés Richards cuenta que junto a sus colegas tenían distintas técnicas para sortear la censura: una de ellas era enviar a la DINACOS (Dirección Nacional de Comunicación Social) un texto distinto al que luego era publicado en la revista. De este modo, la institución –encargada de revisar los artículos- permitía que ésta saliera a la luz.
Cuando había estado de sitio, otra técnica que utilizaban era la entrega de un informativo de dos hojas, que contaba la realidad que estaba azotando al país. “Sacábamos como cincuenta mil reproducciones y las repartíamos afuera del Colegio de Periodistas, que en ese entonces agrupaba a gran parte de quienes querían ser de oposición”.
Los profesionales solían salir a las calles con panfletos que rogaban por el fin de la censura. La lucha se libraba en las calles y luego en tribunales, donde Richards atestiguaba por sus compañeros de causa, quienes eran detenidos por participar en aquellas manifestaciones.
Pero la batalla comenzó el día que los militares se tomaron La Moneda. Richards fue el último periodista que habló por radio. Era La Candelaria, un medio popular, al que le echaron abajo la antena de transmisiones. “Los milicos llamaron antes del bombardeo diciéndonos que nos calláramos sí o sí. No les hicimos caso, estuvimos hasta las once de la mañana y luego apretamos cachete”.
La peor parte de aquella fuga se libró en el Parque Forestal, cuando él y su ex esposa se reunieron y juntos tuvieron que enfrentarse a las balas que eran disparadas desde distintos ángulos. Finalmente, a Jorge lo detuvieron y la cruzada le costó dos días en la comisaría. En ese primer día de golpe, se le abrió un sumario que lo perseguiría durante todo el Régimen Militar.
La CNI lo investigaba. “Se apostaban autos sin patente afuera de mi casa y yo me daba cuenta de que me estaban esperando”. El periodista fue detenido en reiteradas ocasiones, pero nunca pasó más de dos días privado de libertad. En cambio, sus colegas solían estar presos hasta por dos semanas. Pese a esto, Richards continuaba comunicando.
“Nunca dudé en seguir trabajando. Fueron los mejores años de compañerismo y solidaridad”, reflexiona. Luego añade que al mirar hacia atrás, se da cuenta de que es más fuerte de lo que algún día imaginó. “Todo fue muy épico”, concluye.
Publicado originalmente en:
http://www.museodeprensa.cl/jorge-andres-richards-el-espacio-de-los-sin-voz/