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¿Mosciatti el operador?

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por Patricio Segura Ortiz
Segundo Vicepresidente
Colegio de Periodistas de Chile
Publicada en El Desconcierto

Tuvo que ser afectada la Presidenta de la República para que el gobierno, en sincronía con varios dirigentes de partidos políticos de la Nueva Mayoría, las emprendiera contra lo que hoy califica de la mala práctica periodística de recurrir al rumor como fuente de información.  La costumbre de dar por ciertos antecedentes que no han sido confirmados.  Chequeo que quizás para el ciudadano de a pie no es estrictamente necesario para formarse una opinión pero para quien tiene incidencia en la opinión pública es fundamental.
Tomás Mosciatti encendió la mecha.  El abogado -no el periodista, ya que no lo es- Tomás Mosciatti.  El controlador de Radio Bío Bío y hoy entrevistador de Mega luego de su exitoso paso por CNN Chile.  
Fue el 2 de abril cuando en su editorial televisiva en la cadena radial de su propiedad lanzó el siguiente análisis sobre la compleja situación que vive la Mandataria: “Es tal la hecatombe, que Michelle Bachelet ha hablado de renunciar. Y no ha sido cauta porque lo ha dicho frente a personas que no son de su confianza e incluso ante desconocidos”.  Su golpe noticioso, que ya circulaba en redes sociales, lo reforzó posteriormente cuando entrevistó en Mega al hombre fuerte del PS, hoy aspirante por ¿quinta?, ¿sexta?, ¿séptima? vez a la conducción del partido, Camilo Escalona.  “¿Usted ha escuchado acerca de que la Presidenta podría haber dicho que podía renunciar? ¿Lo ha escuchado?” le lanzó Mosciatti
El revuelo fue mayúsculo. No necesariamente por el alcance de la revelación sino por el origen y eventual veracidad (o no) de esta.  En las redes sociales, ese nuevo espacio comunicacional de guerrilla no reglada, fueron implacables y las emprendieron contra quien, para qué estamos con cosas, es uno de los hombres de medios con mayor fuerza mediática del país.  El hashtag #mosciattimiente pronto se convirtió en trending topic y una fotografía suya y de sus hermanos junto a Sebastián Piñera fueron el sustento para acusarle de fascista, ese apelativo que se utiliza con demasiada facilidad para quien no comulga a todo evento con lo que dicta cierta izquierda.  De seguro por ser dueño de un conglomerado de medios no se le podía acusar de ultrón, otra nominación para quien no se encuadra en los bordes del discurso oficialista.
Mucho se ha escrito sobre la pertinencia o no de difundir informaciones que no han sido chequeadas.  El jueves pasado La Tercera salió a apoyar las palabras de Mosciatti bajo el título “Elorigen del rumor”, señalando que, durante una reunión de mediados de marzo con los controladores de los canales de televisión, “Bachelet dijo que este tipo de problemas no tenía soluciones fáciles, porque, por ejemplo, si todo se arreglara con que ella dejara su cargo, lo haría sin problemas”.
Al día siguiente el presidente de la organización Ernesto Corona, en el mismo diario y mediante una carta al director, aclaró que “todos los participantes de dicho encuentro declaramos enfáticamente que la Presidenta en momento alguno dijo que tenía previsto renunciar o que estaba pensando en hacerlo”.  Y la Presidenta puso la guinda cuando ante corresponsales extranjeros expresó: “No he pensado en renunciar ni pienso hacerlo. De ninguna manera".  Y de pasó, llamó al periodismo chileno a ser más responsable.
Son muchos los colegas que se han sumado a las voces que intentan crucificar a Mosciatti.  Aluden a su interés de desestabilizarel gobierno, cargando muchos con las operaciones comunicacionales que –desde la izquierda, el centro y la derecha- se llevaron a cabo durante el gobierno de la Unidad Popular.  Las que se profundizaron durante la dictadura de Pinochet, donde elfascismo real recurrió a la tinta para cubrir las manchas de sangre que dejó el asesinato de tantos compatriotas.  Tanto fue el impacto de aquellos años, que en una discusión alguien deslizó que las coberturas de Copesa (Ciper, La Tercera, Qué Pasa) partieron con Penta y siguieron con Soquimich con el único objetivo de reventar en algún momento con Caval.  Es decir, dañar a la UDI y al sistema político solo como camino legitimador de las ulteriores municiones contra Bachelet.
La Radio Bío Bío ha sido por años uno de los pocos medios que ha permitido romper el cerco informativo de los poderosos de siempre: religiosos, económicos, políticos, estatales.  Tal autonomía quizás tiene un solo límite, los intereses de los propios propietarios de la radio.  Algo que en todo caso hemos constatado en todos los medios de comunicación, donde aún no he visto ninguno que alguna vez haya publicado información que le afectara profundamente.  
Es extraño, pero los mismos que enrostran a Mosciatti prestarse para un complot desestabilizador esparciendo infundios son quienes le acusan, sin mayores pruebas tampoco, de montar una operación comunicacional.  De ser parte del trabajo que sistemática y constantemente realizan La Tercera y El Mercurio a través de su línea editorial, con el objetivo de paralizar los cambios de fondo a nuestro vigente modelo de sociedad.
En este caso en particular puedo adherir a las quejas de una publicación poco rigurosa.  De extremar la interpretación sobre lo que habría dicho Bachelet.  Pero de ahí ser miembro de un grupo de complotadores para reinstalar a los militares en el poder, como he escuchado decir, realmente creo que no. 
Las comunicaciones y el periodismo son como cualquier herramienta.  Su uso correcto dependerá de quien lo ejerza.  Y de eso hay en esta vereda y en la otra.  Pensar que todo el que me cuestiona es un conspirador (o está equivocado), representa simplemente una arrogancia que es necesario dejar atrás.

Una arrogancia, en todo caso, que amerita discutir seriamente sobre la importancia de los medios de comunicación públicos, sin fines de lucro. Aquellos que tengamos en claro que, definitivamente, se deben a su comunidad.